Quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos
La Asociación para la Integración Social de las Minorías es una organización que apoya a las comunidades romaníes, con especial atención a los jóvenes, los niños y las familias vulnerables. Nuestro trabajo parte de la comunidad y busca el acceso real a la identidad jurídica, la educación, la salud, los servicios sociales, la información y las oportunidades.
En los últimos tres años, hemos apoyado a más de 300 familias necesitadas, proporcionado ayudas a 450 familias romaníes y contribuido a que más de 40 niños y jóvenes romaníes accedan al instituto o la universidad. Hemos orientado la obtención de documentos de identidad, apoyado casos vulnerables, informado a las comunidades y llevado sus problemas al diálogo con las instituciones.
Creemos que la integración social no se construye solo con ayudas puntuales. Comienza cuando las personas conocen sus derechos, pueden llegar a las instituciones que necesitan y están representadas donde se toman las decisiones.
La asociación nació de la necesidad de transformar las dificultades de las comunidades romaníes en soluciones concretas. Detrás de cada caso hay una persona para quien la falta de un documento de identidad, el abandono escolar, la pobreza o el difícil acceso a los servicios públicos pueden bloquear todo un camino de vida.
Por eso intervenimos tanto directamente, mediante orientación, apoyo social y facilitación del acceso a la educación o la salud, como institucionalmente, mediante incidencia, reuniones con las autoridades, propuestas y representación de los problemas recurrentes. Nuestro objetivo es que la resolución de un caso individual se convierta en el punto de partida de un cambio que ayude a toda la comunidad.
Reducimos las barreras administrativas, educativas, sociales y económicas que enfrentan las personas de las comunidades romaníes y apoyamos su acceso efectivo a derechos, servicios y oportunidades.
Comunidades donde el origen étnico o la situación material no limite el acceso de un niño a la educación, de una familia a los servicios públicos o de un joven a un futuro profesional y cívico.
Cada persona es tratada con respeto.
Los derechos deben ser accesibles en la práctica.
La voz de la comunidad debe llegar a la mesa de decisiones.
Apoyamos caminos educativos que pueden cambiar destinos.
Comunicamos con honestidad y medimos los resultados de nuestro trabajo.
Trabajamos junto a instituciones, profesionales, socios y comunidades.
«La integración no comienza en un documento ni en un discurso. Comienza en el momento en que un niño llega al instituto, un joven entra en la universidad, una persona obtiene su documento de identidad y una familia encuentra el apoyo que necesita.
En nuestro trabajo hemos aprendido que cada caso debe ser escuchado, comprendido y llevado hasta las instituciones capaces de producir el cambio. Por eso trabajamos directamente en la comunidad, pero también mediante la incidencia y el diálogo institucional. Queremos que las personas a las que representamos no sean solo beneficiarias, sino participantes activas en las decisiones que influyen en su vida.»
Nuestro principio: no basta con resolver un solo caso. Debemos entender por qué aparece el problema y qué se puede cambiar para que no se repita.